La energía azul consiste en la
obtención de energía eléctrica a partir del encuentro entre el agua marina y el agua dulce. Aunque ambos países emplean membranas semipermeables en sus proyectos, han desarrollado métodos distintos.
En
Noruega el proyecto corre a cargo de la empresa
Statkraft, que lleva 10 años investigando esta nueva fuente energética. En este momento su planta piloto tiene un rendimiento de 3 vatios por metro cuadrado de membrana. Su tecnología está basada en la
energía osmótica. Al encontrarse agua dulce y salada separadas por una membrana semipermeable, se produce una difusión de agua desde donde existe menor concentración de sales (agua dulce) hacia el volumen donde hay una concentración mayor (agua salada) -fenómeno conocido como
ósmosis-. Esto genera que en el compartimento original del agua salada aumente la presión debido a la mezcla de agua. Pues es esta presión la que aprovechan los investigadores noruegos para mover una turbina hidroeléctrica y generar electricidad. La empresa espera en breve ampliar la planta con 2 kilómetros cuadrados de membranas.

Las
investigaciones en los Países Bajos son más recientes en el tiempo. La planta experimental del
Centro Holandés de Tecnología Sostenible Acuática (Wetsus) está cerca de alcanzar el rendimiento de 2 vatios por metro cuadrado de membrana, si bien esperan poco a poco ir aumentando su capacidad de producción. Tanto es así, que el gobierno holandés, la empresa pública
Eneco y el grupo de investigación
Redstack están probando la viabilidad de una planta en el embalse de Afsluitdijk, entre el propio lago IJssel y el mar de Wadden, con una capacidad de 200 megavatios, si los resultados del nuevo proyecto de Wetsus de una planta piloto que produzca entre 1 y 5 kw al año son satisfactorios. El método holandés se basa en la
electrodiálisis inversa (ver vídeo). Consiste en que el agua dulce y el agua marina fluyan a través de unas pilas donde existen membranas semipermeables catiónicas y aniónicas. Entonces se produce una separación de los iones del agua que genera un potencial eléctrico, y por tanto se obtiene energía eléctrica.
Además de en el uso de membranas, ambos métodos también investigan en aprovechar el
aumento de 0,1 ºC que se produce al mezclarse agua dulce y salada.
Para que estas tecnologías sean interesantes desde el punto de vista comercial e industrial se debe lograr un rendimiento de al menos 5 vatios/m2 de membrana. El alto coste de las membranas semipermeables (muy parecidas a las empleadas en los procesos de ósmosis inversa, por ejemplo, para desalar agua marina) y la baja eficiencia de éstas juega también en contra. Es por ello que consideran que
hasta dentro de 5 o 10 años esta tecnología no sea competitiva.
Según estimaciones, si se implantara esta energía azul en todos los estuarios del mundo, cubriría el 20% de las necesidades energéticas mundiales. Por ejemplo, sólo la desembocadura del río Rin en el Mar del Norte podría suministrar teóricamente
6.000 MW de energía.
Se trata pues de una fuente de
energía alternativa y renovable. Y aunque, a priori, se podría pensar en que es una energía ecológica,
su impacto ambiental podría ser importante debido a posibles fugas y vertidos desde las instalaciones o por el flujo del agua hacia las plantas generadoras que podrían influir negativamente en la fauna y la flora del entorno.
Fuentes: Consumer / Mongabay / Wetsus / Statkraft
Imagen: elektronhjarnan